ALGUNOS PRINCIPIOS PARA INTERPRETAR LOS ESCRITOS DE ELENA G.WHITE
Por
George R. Knight
“Reading Ellen White”
Comience con una mentalidad sana
En primer lugar, comience su estudio con una oración para recibir consejos y comprensión. El Espíritu Santo, quien inspiró el trabajo de los profetas a lo largo del tiempo, es el único que tiene la capacidad de revelar el sentido de sus escritos.
En segundo lugar, necesitamos que nuestro acercamiento sea con una mentalidad abierta. La mayoría de nosotros nos damos cuenta que nadie está libre del prejuicio, nadie es completamente abierto de mente. También reconocemos que el prejuicio controla cada aspecto de nuestras vidas. Pero esta realidad no significa que necesitamos dejar que el prejuicio nos controle.
En tercer lugar, la mentalidad para leer los escritos de Elena de White es de fe en vez de duda. Como lo escribió la Sra. White, “muchos piensan que es una virtud, un indicio de inteligencia en ellos el ser incrédulos y presentar dudas. Los que desean dudar, tendrán abundante ocasión para ello. Dios no se propone evitarnos toda oportunidad de ser incrédulos. El da evidencias, que deben ser investigadas cuidadosamente con mente humilde y espíritu susceptible de ser enseñado; y todos deben decidir por el peso de la evidencia”.[i][1] “Dios da suficiente evidencia para que pueda creer el espíritu sincero; pero el que se aparta del peso de la evidencia porque hay unas pocas cosas que su entendimiento finito no puede aclarar, será dejado en la atmósfera fría y helada de la incredulidad y de la duda, y perderá su fe”.[ii][2]
Si esperamos que toda posibilidad de duda sea removida, nunca creeremos. Esta es una verdad tanto para la Biblia como para los escritos de Elena de White. Nuestra aceptación descansa sobre la fe en vez de una absoluta demostración de perfección. Elena White señala correctamente cuando escribe “Los que tienen más que decir contra los testimonios son generalmente los que no los han leído, así como los que se jactan de su incredulidad en la Biblia son aquellos que tienen poco conocimiento de sus enseñanzas”.[iii][3]
Enfóquese en temas centrales
Una persona puede leer materiales inspirados por lo menos de dos formas. Una es buscar el tema central de un autor; la otra, es buscar aquellas cosas que son nuevas y diferentes. La primera forma nos conduce a, lo que puede ser llamada, una teología del centro, mientras la segunda produce una teología de los bordes. La teología de los bordes puede ayudar a una persona a descubrir “nueva luz”, pero al final tal luz puede parecer como oscuridad cuando examinamos el contexto central y consistente de las enseñanzas de la Biblia.
Lo que hace que las enseñanzas, la “nueva luz” de muchos apóstoles sea impresionante, es su obvia sinceridad y el hecho de que lo que dicen es una verdad necesaria. ¿Cómo podemos distinguir cuando estamos en el centro o alejados de lo que realmente es importante? En su libro La educación, Elena de White escribió, “La Biblia es su propio intérprete. Debe compararse texto con texto. El estudiante debería aprender a considerar la Biblia como un todo y a ver la relación que existe entre sus partes. Debería adquirir el conocimiento de su gran tema central, del propósito original de Dios hacia el mundo, del comienzo de la gran controversia y de la obra de la redención. Debería, comprender la naturaleza de los principios que luchan por la supremacía, y aprender a rastrear su obra a través de las crónicas de la historia y la profecía, hasta la gran culminación. Debería verificar cómo interviene este conflicto en todos los aspectos de la vida humana; cómo en su mismo caso cada acto de su vida revela uno u otro de esos dos motivos antagónicos; y cómo, consciente o inconscientemente, ahora mismo está decidiendo en qué lado de la contienda se va a encontrar.”[iv][4]
Un pasaje similar, sobre el “gran tema central” de la Biblia, define el tema central de la Escritura de forma más precisa. “El Tema Central de la Biblia”, leemos, “el tema alrededor del cual se agrupan todos los demás del Libro, es el plan de la redención, la restauración de la imagen de Dios en el alma humana.”[v][5]
En tales pasajes, encontramos un marcado orden para la lectura de la Biblia como también la lectura de los escritos de Elena de White. Lea hacia el gran tema central. El propósito de la revelación de Dios a la humanidad es la salvación. Esa salvación se enfoca en la cruz de Cristo y nuestra relación con Dios. Toda nuestra lectura se ubica dentro de este contexto. Así, aquellos temas más cercanos al gran tema central son obviamente más importantes que aquellos que están en los bordes.
Es nuestra tarea como cristianos enfocarnos en el gran tema central de la Biblia y en los escritos de Elena de White, más que en los marginales. Si lo hacemos así, los temas marginales se ubicarán en su lugar desde su propia perspectiva dentro del contexto “del gran tema central” de la revelación de Dios a su pueblo.
Tenga en cuenta los problemas en la comunicación
El proceso de la comunicación no es tan simple. Este tema estaba ciertamente presente en el pensamiento de Jaime White, mientras observaba la lucha de su esposa para liderar a los primeros adventistas por el camino de la reforma. En 1868 él escribió “Lo que ella pueda decir para motivar a los lentos, es tomado por los más activos para ir más allá de los límites. Y lo que ella pueda decir para aconsejar a los activos para que sean más cuidadosos, es tomado por los lentos como excusa para permanecer atrás”.[vi][6]
Mientras leemos los escritos de Elena de White necesitamos tener presente la dificultad que ella enfrentó en la comunicación básica. Más allá de tener que tratar con la dificultad de enfrentar variadas personalidades, y en relación con esto, está el problema de la imprecisión del significado de palabras y del hecho de que diferentes personas con diferentes experiencias interpretan las mismas palabras de forma distinta.
“Las mentes humanas varían”, escribió Elena de White con relación a la lectura de la Biblia. “Las mentes que difieren en educación y pensamiento reciben impresiones diferentes de las mismas palabras, y es difícil que, por medio del lenguaje, una persona le dé a otra, de diferente temperamento, educación y hábitos de pensamiento, exactamente las mismas ideas en cuanto a lo que es claro y nítido en su propia mente... La Biblia debió ser dada en el lenguaje de los hombres. Todo lo que es humano es imperfecto. Diferentes significados se expresan con la misma palabra; no hay una palabra para cada idea distinta. La Biblia fue dada con propósitos prácticos. Las impresiones de las mentes son diferentes. No todos entienden de la misma manera las expresiones y asertos. Algunos entienden las declaraciones de las Escrituras para que se ajusten a su propia mente particular y a su propio caso. Las predisposiciones, los prejuicios y las pasiones ejercen una poderosa influencia para oscurecer el entendimiento y confundir la mente, aun al leer las palabras de las Sagradas Escrituras.” [vii][7]
Lo que Elena de White dijo acerca de los problemas de significado y palabras con relación a la Biblia también son validas para sus propios escritos. La comunicación en un mundo quebrantado nunca es fácil, ni siquiera para un profeta de Dios.
Necesitamos mantener en mente los problemas básicos de comunicación mientras leemos los escritos de Elena de White. Por lo menos, estos hechos deben hacer cautelosa nuestra lectura para que no enfaticemos con exageración una u otra idea que nos llame la atención mientras estudiamos el consejo de Dios a su Iglesia. Debemos asegurarnos que hemos leído extensamente lo que Elena de White ha presentado sobre un tema y que hemos estudiado aquellas declaraciones que pueden parecer extremas a la luz de aquellas que las moderan. Todo este estudio, por su puesto, debe ubicarse en el contexto histórico y literario de cada declaración.
Estudie toda la información disponible sobre un tema
Cuando leemos todos los consejos que da Elena de White sobre un determinado tema, el cuadro frecuentemente es bastante diferente que cuando se trata con solo una parte de su material o con citas aisladas. Muchas veces, durante su largo ministerio, Elena de White tuvo que tratar con aquellos que sólo tomaron parte de sus consejos. “Cuando os conviene”, les dijo a los delegados de la Sesión de la Asociación General en 1891, “tratáis los testimonios como si creyerais en ellos, citando de ellos para robustecer alguna declaración que queréis que prevalezca. Pero, ¿qué sucede cuando la luz es dada para corregir vuestros errores? ¿Aceptáis entonces la luz? Cuando los testimonios hablan en contra de vuestras ideas, los tratáis muy livianamente.”[viii][8] Es importante escuchar todo el consejo.
A lo largo del tiempo, encontramos dos maneras de abordar los escritos de Elena de White. Uno ordena todo su material por temas. El otro solamente selecciona aquellas frases y párrafos que pueden ser utilizados para apoyar un tema específico. La única manera correcta es la primera. Un paso importante para ser fiel a los escritos de Elena de White es leer ampliamente los consejos disponibles sobre un tema.
Pero no sólo debemos basar nuestra conclusión en la amplia gamma de sus pensamientos sobre un tema, nuestra conclusión debe armonizar con el contexto general de sus escritos. No solo el prejuicio, también los razonamientos equivocados y otros malos usos de sus escritos nos pueden llevar a falsas conclusiones.
Evite las interpretaciones extremas
La historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día está llena de personas que colocaron las interpretaciones más extremas sobre los consejos de Dios y definieron su fanatismo como fidelidad. La inclinación hacia el extremismo parece ser un constituyente de la caída de la humanidad. Dios ha buscado corregir esta tendencia mediante los profetas.
Aunque el equilibrio caracterizó los escritos de Elena de White, no necesariamente esta actitud caracteriza a las personas que los leen. Elena de White tuvo que tratar con extremistas durante su ministerio. En 1894 ella destacó que “Hay una clase de personas que está siempre; lista a escaparse, por alguna tangente, que desea captar alguna cosa extraña, maravillosa y nueva; pero Dios quiere que todos se muevan con calma, en forma considerada, eligiendo nuestras palabras de acuerdo con la sólida verdad para este tiempo, lo cual requiere que éstas sean presentadas a las mentes libres de todo lo que sea emocional, hasta donde sea posible, aunque tengan la intensidad y la solemnidad que es propio que tengan. Debemos precavemos contra los extremos y guardamos de animar a aquellos que, aun quisieran estar en el fuego o en el agua.” [ix][9]
Casi cuatro décadas antes, la Sra. White había escrito que ella vio “que muchos habían aprovechado lo que Dios había mostrado acerca de los pecados y errores ajenos. Habían tomado el extremo significado de lo que había sido mostrado en visión, y luego le habían dado tanto apremio que tendía a debilitar la fe de muchos en lo que Dios había revelado” [x][10]
Parte de nuestra tarea al leer los escritos de Elena de White es evitar las interpretaciones extremas y comprender su mensaje con un equilibrio adecuado. Esto, a la vez, significa que necesitamos leer los consejos de ambos puntos de la gama de consejos de un determinado tema.
Un ejemplo son sus fuertes palabras concernientes al juego. “Involucrándose en juegos y diversiones, pugilismo”, ella escribió, los alumnos del Colegio de Battle Creek “declararon al mundo que Cristo no es el líder en estas actividades y esto lleva a la advertencia por Dios.” Una declaración fuerte, esta y otras declaraciones han llevado a muchos a creer que Dios no aprueba todos los juegos, pero aquí, como en todas las interpretaciones extremas, se debería tener cuidado. Después de todo, la frase siguiente es: “Lo que me preocupa es el peligro de irse a los extremos de ambos lados.” [xi][11]
Como demuestran las siguientes frases, la posición de Elena de White no estaba en ninguno de los dos extremos. Hablándole a los profesores y apoderados, ella escribió: “Si tan sólo quieren conseguir que éstos se acerquen a ellos, demostrándoles que los aman y manifestando interés en todos sus esfuerzos, y aun en sus juegos, siendo a veces hasta niños entre ellos, harán a los niños muy felices, y conquistarán su amor y confianza”.[xii][12]
Como notamos en la sección anterior, es importante leer todo el material de lo que escribió Elena de White acerca de un tema antes de llegar a conclusiones. Esto significa tomar en consideración aquellas declaraciones que aparentan ser conflictivas con otras que parecen contradecirlas, cuando en realidad se equilibran. Por supuesto, como se demuestra en las siguientes dos secciones, los contextos históricos y literarios le dan la razón a las declaraciones “extremas” de Elena de White. Cuando comprendemos la razón por la cual ella dijo algo de una cierta manera, podemos ver que lo que aparenta ser contradictorio frecuentemente se equilibra. Entendiendo esto apropiadamente estaremos listos para examinar los principios básicos del tema que estamos estudiando.
Cuando leemos los pasajes que rodean una declaración y que la equilibran, más que aquellas que refuerzan nuestros prejuicios, podemos llegar más cerca de la verdadera perspectiva.
Considere el tiempo y lugar
Necesitamos considerar el tiempo y lugar en que fueron hechas las declaraciones de Elena de White. Ella no escribió en un vacío. La mayoría de esas declaraciones tiene que ver con problemas, con personas y grupos específicos en contextos históricos específicos.
Por ejemplo, en la década de 1860, Elena de White sugirió que las mujeres deberían acortar sus faldas. ¿Por qué? Porque sus vestidos se arrastraban en el piso. En el proceso, la suciedad de los caballos y de los carruajes se arrastraba en sus faldas. Estas faldas también tenían otros problemas que ella y otros reformistas contemporáneos destacaron. Ella escribió: “Uno de los disparates más dispendiosos y perjudiciales de la moda es la falda que barre el suelo, por lo sucia, incómoda, inconveniente y malsana. Todo esto y más aún se puede decir de la falda rastrera”.[xiii][13]
Pero lo que fue verdadero en su tiempo generalmente no es verdad actual. Por supuesto, podemos pensar en algunas culturas que se asemejan a la del siglo XIX. En esas culturas, los consejos de Elena de White, son totalmente válidos. Sin embargo, debemos adaptar sus consejos al tiempo actual.
Parte de la adaptación necesaria se refleja en la cita que leímos anteriormente en el Ministerio de Curación. Si el problema de las faldas fue que eran sucias, incómodas, inconvenientes e insalubres, podemos asumir que algunos principios para el vestido adecuado son: limpieza, comodidad, conveniente y saludable. Tales principios son universales, aunque la idea de acortar la falda tiene sus raíces en el siglo XIX. La lectura de las escrituras nos da otros principios de vestimenta que podemos utilizar en nuestros días.
Enfatizar exageradamente que el tiempo y lugares son factores cruciales para nuestra comprensión mientras leemos los escritos de Elena de White es importante. Una manera de utilizar incorrectamente los escritos de Elena de White es ignorar las implicancias de tiempo y de lugar, y buscar aplicar universalmente todas sus declaraciones.
En los escritos de Elena de White hay consejos tales como el de aconsejar a las escuelas a que enseñen a las niñas a “ensillar y conducir un caballo” para que estén “mejor preparadas para hacer frente a las emergencias de la vida”;[xiv][14] advirtiendo a jóvenes y ancianos contra la “influencia hechizante” de la “locura de las bicicletas”;[xv][15] y aconsejando a un administrador en 1902 a que no comprara un automóvil para el transporte de pacientes desde la estación de trenes hasta el Sanitario porque era un gasto innecesario y tentaría a otros a hacer lo mismo,[xvi][16] son consejos claramente condicionados por el tiempo y el lugar. Otras declaraciones que también pueden estar acondicionadas por tiempo y lugar no son tan evidentes y obvias (especialmente en aquellas áreas que sentimos fuertemente), pero necesitamos mantener los ojos y la mente abierta para esa posibilidad.
Otro aspecto del tiempo y lugar en los escritos de Elena de White es que para muchos de sus consejos, el contexto histórico es más bien personal, ya que le escribió a algunos individuos o a una situación específica. Siempre recordemos que detrás de cada consejo encontramos una situación específica, cada una con sus propias peculiaridades, posibilidades y problemas. Su situación puede no ser paralela a la nuestra. Entonces, el consejo puede o no ser aplicable para nosotros dada la circunstancia.
Estudie cada declaración en su contexto literario
En la sección anterior notamos que es importante comprender los consejos en su contexto histórico original. En esta sección examinaremos la importancia de leer sus declaraciones en su contexto literario.
Frecuentemente aparecen personas que basan su comprensión de las enseñanzas de Elena de White sobre un fragmento de un párrafo o sobre una declaración aislada removida por entero de su contexto. Por esto ella escribe que “Muchos estudian las Escrituras con el propósito de demostrar que sus propias ideas son correctas. Cambian el significado de la Palabra de Dios para acomodarlo a sus propias opiniones. Y así hacen lo mismo con los testimonios que él envía. Citan media frase, dejando afuera la otra mitad que, si se citara, mostraría que su razonamiento es falso. Dios tiene una polémica con los que tergiversan las Escrituras, haciéndolas conformar con sus ideas preconcebidas”[xvii][17]. Nuevamente ella comenta acerca de aquellos que “extraen” de sus escritos para “dar una impresión diferente de la que darían si fueran leídas en su contexto original”[xviii][18].
Elena de White estuvo molesta repetidamente con aquellos que escogen una “una frase aquí y otra allí, sin su contexto, y luego, después de haber insertado sus propias ideas”.[xix][19] En otra ocasión ella observó que “extractos de sus escritos pueden dar una impresión diferente de la cual daría si fuesen leídos en conjunto con su conexión original”.[xx][20]
El hijo de Elena de White, W. C. White, frecuentemente tuvo que tratar con el problema de personas que utilizaban material fuera de su contexto literario. En 1904 él notó que muchos “malentendidos vienen del mal uso de los pasajes aislados en los testimonios, en casos donde, si todo el testimonio o todo el párrafo hubiese sido leído, la impresión en sus mentes hubiese sido distinta a la impresión hecha por los pasajes selectos”.[xxi][21]
El estudio del contexto literario no es un lujo opcional, es una parte crucial de la lectura fiel de los escritos de Elena de White. Es imposible sobreestimar la importancia del estudio de los artículos y libros de Elena de White en su contexto. No basta leer solamente compilaciones o selección de citas de éste u otro tema a través del uso de los computadores. Aquellas herramientas son útiles, pero deben ser utilizadas en conjunto con la lectura amplia que nos ayuda a estar al tanto no sólo del contexto literario sino también del equilibrio general presente en todos sus escritos.
Reconozca la comprensión de Elena de White de lo ideal y lo real
La obra de Elena de White se encontró plagada por aquellos de quienes, ella dijo, “seleccionan de los testimonios las declaraciones más fuertes, sin explicar o prestar atención a las circunstancias en las cuales las palabras de alerta y amonestación fueron dadas, y las aplican en todos los casos... Escogen algunas declaraciones de los testimonios, las aplican a todo el mundo, y disgustan a las personas en vez de ganarlas”[xxii][22]
Sus observaciones no sólo destacan el hecho que al leer sus consejos necesitamos tomar el contexto histórico de las declaraciones de Elena de White en consideración, sino también indican que ella hizo algunas declaraciones de forma más fuerte o con lenguaje de mayor fuerza que otras. Esa idea nos lleva al concepto de lo ideal y lo real en los escritos de Elena de White.
Cuando Elena de White habla de lo ideal, ella usa lenguaje fuerte. Es como si necesitase hablar fuertemente para ser escuchada. Una declaración de ese estilo aparece en Fundamentals of Christian Education. “Nunca”, exhortó, “puede darse la adecuada educación a los jóvenes de este país, u otro país, a no ser que estén separados a una gran distancia de las ciudades”.[xxiii][23]
Esta declaración es fuerte. Parece implicar universalmente términos de tiempo y espacio. No existe una palabra más fuerte que “nunca”. En su sentido más estricto, su significado no permite excepciones. Ella utiliza el mismo lenguaje fuerte para referirse a la ubicación: “en este país, u otro país”. Una vez más una lectura simple de estas palabras no permite excepción. Estamos tratando con lo que aparenta ser una prohibición universal con relación a la construcción de escuelas en las ciudades. Pero la declaración es mucho más fuerte aún. Tales escuelas no sólo deben estar fuera de las ciudades, sino, separadas por una larga distancia. Aquí hay un lenguaje inflexible que no sugiere excepciones.
En este punto, es importante examinar el contexto histórico en el cual ella hizo esta declaración. De acuerdo con una referencia aportada en el libro,[xxiv][24] este consejo fue publicado por primera vez en 1894. Ya en 1909, el trabajo en las grandes ciudades estaba aumentando. Y aquellas ciudades tenían familias que no podían pagar la educación de sus hijos en instituciones rurales. Como resultado, Elena de White aconsejó sobre la construcción de escuelas en las ciudades. “En la medida de lo posible”, leemos, “... las escuelas deben ser establecidas fuera de las ciudades. Pero en las ciudades hay muchos niños que no pueden asistir a los colegios, y para los beneficios de éstos, se deben abrir escuelas en las ciudades, al igual que en el campo”.[xxv][25]
Con lo anterior, es seguro que se debe estar preguntando como la misma mujer puede decir que la educación adecuada “nunca” puede ser dada en Australia, “o en otro país a no ser que estén separados a una gran distancia de las ciudades”[xxvi][26] y también apoyar el establecimiento de escuelas en las ciudades.
La respuesta es la siguiente, la educación rural para todos los niños fue el ideal al cual la iglesia debería apuntar “tanto como sea posible”. Pero la verdad es que ese tipo de educación es imposible para muchos. Esta realidad dictó un compromiso, si la educación cristiana debía alcanzar a los hijos de familias pobres. Elena de White comprendió y aceptó la tensión entre lo ideal y lo real.
Desafortunadamente, muchos de sus lectores no toman este hecho en consideración. Se enfocan meramente en las declaraciones “más fuertes” de Elena de White, aquellas que expresan lo ideal, e ignoran los pasajes moderadores. Como resultado, como hemos notado anteriormente, “Escogen algunas declaraciones de los testimonios, las aplican a todo el mundo, y disgustan a las personas en vez de ganarlas”[xxvii][27].
Elena de White tiene mucho más equilibrio que sus “seguidores”. Los seguidores genuinos deben tomar en consideración la comprensión de Elena de White entre lo ideal y lo real al aplicar su consejo.
Elena de White tuvo más flexibilidad que sus seguidores en la interpretación de sus propios escritos. Ella no sólo estaba preocupada con los factores contextuales en la aplicación de consejos en distintas situaciones, sino que también tenía una comprensión distintiva de la diferencia entre el plan Ideal de Dios y la realidad presente en la humanidad, lo cual hace necesario modificar el plan ideal. Es por esta razón que es importante no sólo operar sobre las “declaraciones más fuertes” en sus escritos y buscar aplicarlas “a todo el mundo”.[xxviii][28]
Use el sentido común
Los Adventistas del Séptimo Día son conocidos por no estar de acuerdo entre sí y discutir acerca de algunos escritos de Elena de White. Esta situación es especialmente verdadera en aquellas declaraciones que parecen muy directas y claras. Una declaración de este estilo aparece en Testimonios, tomo 3: “Los padres deben ser los únicos maestros de sus hijos hasta que éstos lleguen a la edad de ocho o diez años”.[xxix][29]
Este pasaje es un candidato excelente para una interpretación inflexible. Después de todo, es bien categórico. No ofrece condiciones o excepciones. No contiene “si”, ni “o”, o “pero” para modificar su impacto, solo declara claramente que “los padres deben ser los únicos...” Esta declaración fue publicada por primera vez en el año 1872. El hecho de que reaparezca en su trabajo en 1882 y 1913 sin duda tuvo el efecto de apoyar lo que aparenta ser de naturaleza incondicional.
Sin embargo, interesantemente, una lucha sobre esa declaración proveyó el mejor registro de auto-interpretación que poseemos por parte de Elena de White.
Los adventistas que vivían cerca del Sanatorio de Santa Helena en el norte de California habían construido un colegio de la iglesia en 1902. Los niños mayores concurrían a esta escuela, mientras otros padres despreocupados dejaban vagar a sus hijos por las calles sin recibir la adecuada instrucción y disciplina. Una parte de la directiva creía necesaria la construcción de una nueva sala para los niños menores, pero el resto sostuvo que sería errado, ya que la Sra. White había escrito “los padres son los únicos...” tan claramente.
Una parte de la directiva pensó que era más importante ayudar a los niños, cuyos padres no se preocupaban por ellos, antes que tomar la declaración al pie de la letra. Los demás creían que era un mandamiento inflexible, un testimonio irrefutable que se debía obedecer. Este tema dividió a la directiva. Se concertó una entrevista con la Sra. White.
Al principio de la entrevista, la Sra. White reafirmó su posición diciendo que la familia idealmente debe ser la escuela del niño. “El hogar”, dijo, “es tanto una iglesia de familia como una escuela de familia”.[xxx][30] Este es el ideal que se encuentra en sus escritos. La iglesia institucional y escuela están presentes para apoyar el trabajo de una familia saludable. Éste es el ideal.
Pero, como descubrimos en la primera sección, el ideal no siempre es lo real. En otras palabras, la realidad es menor a lo ideal. Elena de White continuó: “Las madres deben ser capaces de instruir a sus pequeñuelos durante los primeros años de la infancia. Si todas las madres pudieran hacer esto, y se tomaran el tiempo para enseñar a sus hijos las lecciones que éstos deberían aprender en sus primeros años, entonces todos los niños podrían mantenerse en la escuela del hogar hasta que tuvieran ocho, nueve o diez años de edad”.[xxxi][31]
Nos encontramos a la Sra. White tratando con la realidad que modifica la naturaleza categórica e incondicional de su declaración sobre la permanencia de los niños en la casa hasta los 10 años. Lo ideal es que las madres “debieran” preocuparse y ser capaces de funcionar como maestras los primeros años. Pero el realismo está presente cuando ella usa palabras como “Si” y “Entonces”. Ella implica definitivamente que no todas las madres son capaces y están dispuestas. Pero si estuviesen dispuestas y fuesen capaces, “entonces, todos los niños podrían ser educados en casa.”
Durante la entrevista, ella destacó que “Dios desea que tratemos estos problemas cuerdamente”.[xxxii][32] Elena de White se molestó con aquellos lectores que tomaron una posición inflexible hacia sus escritos y que buscaron seguir al pie de la letra su mensaje mientras perdían de vista los principios básicos. Se evidenció su desaprobación de la actitud y las palabras de sus lectores inflexibles cuando dijo: “he estado bien preocupada con respecto a la idea: "La Hna. White ha dicho tal y tal cosa, y la Hna. White ha dicho esto y aquello, y por lo tanto vamos a proceder como ella dice"” y luego agregó que “Dios quiere que tengamos sentido común, y que razonemos con sentido común. Las circunstancias alteran las condiciones. Las circunstancias cambian la relación de las cosas”.[xxxiii][33]
Lo que menos fue Elena de White es ser inflexible hacia sus propios escritos, y es importante que nos demos cuenta de este hecho. Ella no tenía duda que el uso ilógico de sus escritos podría hacer daño. Es por eso que dijo que era la voluntad de Dios que usásemos el sentido común al interpretar sus escritos, aunque ella haya hecho tales declaraciones en un lenguaje fuerte y claro.
Descubra los principios básicos
En julio 1894, Elena de White envió una carta a la oficina denominacional de la iglesia de Battle Creek, Michigan, en la cual condenaba la compra y el uso de bicicletas.[xxxiv][34] A primera vista parece extraño que este tema sea considerado lo suficientemente importante para que un profeta lo trate. Parece realmente extraño cuando notamos que las bicicletas habían sido especialmente reveladas en visión.
¿Cómo podemos aplicar hoy tal consejo? ¿Significa que los Adventistas del Séptimo Día no deben andar en bicicleta?
Al contestar estas preguntas, primero necesitamos examinar el contexto histórico. En 1894 la bicicleta moderna estaba comenzando a ser manufacturada y luego se esparció la moda de comprarlas, no por el propósito de un transporte económico, sino para estar a la moda, para concursar en carreras de bicicletas y mostrarlas por la ciudad. El andar en bicicleta estaba “in”, si era una persona de un cierto status social.
Extractos de un artículo titulado “When the world went wheeling” nos ayuda a insertarnos en el contexto histórico del consejo sobre las bicicletas. “Hacia fin de siglo” leemos, “el pueblo americano fue absorbido por una pasión de consumo que los dejó sin dinero y tiempo para otra cosa... ¿Qué es esta gran distracción? Para la respuesta sólo se debía mirar por la ventana y observar a la gente pasar rápidamente sobre sus bicicletas. América había descubierto la bicicleta y la gente la estaba aprovechando... la bicicleta se convirtió en el juguete del hombre rico.”
“La primera bicicleta y la mejor costaba $150, una inversión comparable a la compra de un automóvil en nuestros tiempos... cada miembro de la familia quería un par de ruedas... y los ahorros enteros de una familia se dedicaban a la compra de la bicicleta”.[xxxv][35]
En la luz de este contexto histórico, la declaración de Elena de White en 1894 con respecto a la bicicleta toma un nuevo significado. “Parece haber”, escribió, “una locura por las bicicletas, el dinero era invertido en satisfacer un entusiasmo en esa dirección cuando podría haber sido invertido en la construcción de casas de adoración tan necesitadas..... una influencia hechizante se está apoderando de nuestro pueblo... Satanás trabaja intensamente para inducir a nuestro pueblo a invertir su tiempo y dinero en deseos materiales. Esta es una especie de idolatría... mientras cientos tienen hambre, mientras la pestilencia está presente y se siente... ¿actuarán de la misma forma los que profesan amar a Dios? ¿Así como en los días de Noé, cuando siguieron la imaginación de sus corazones?”
“Había algunos que se esmeraban por su maestría, tratando de superar en velocidad y belleza la bicicleta del otro. Había un espíritu de contención entre ellos para determinar quien tenía la mejor... Dijo mi guía: estas cosas son ofensivas para Dios...”
“¿Que carga”, ella pregunta, “tienen estas personas para el avance del trabajo de Dios?... es esta inversión de dinero y el andar en bicicleta a través de las calles de Battle Creek una forma de dar evidencia de lo genuino de la fe...”. [xxxvi][36]
Su consejo sobre las bicicletas tiene fecha. Unos años después, el costo de la bicicleta disminuyó notoriamente y llegó a ser un económico medio de transporte para aquellos sin recursos, mientras la atención se enfocó sobre el sucesor de cuatro ruedas de la humilde bicicleta.
Mientras es verdad que algunos consejos específicos ya no se aplican, los principios de base permanecen aplicables a través del tiempo y espacio.
¿Cuales son estos principios? En primer lugar, que los cristianos no deben gastar tanto dinero en la egoísta gratificación propia. En segundo lugar, que los cristianos no deben esforzarse por manejar algo que genere un espíritu de competencia y contención. En tercer lugar, los cristianos deben enfocar sus valores primarios en el reino que vendrá y a ayudar a otros en el presente y en cuarto lugar, que Satanás siempre tendrá un plan para descarriar a los cristianos a la indulgencia egoísta.
Estos principios son incambiables. Se aplican a cada lugar y espacio y tiempo de la historia. Las bicicletas fueron meramente el punto de contacto entre los principios morales y la situación espiritual local de Battle Creek durante 1894.
Nuestra responsabilidad como cristianos no sólo es leer el consejo de Dios, sino aplicarlo fielmente a nuestras vidas personales. La tarea del cristiano es buscar la revelación de Dios y luego buscar ponerla en práctica en el diario vivir sin hacerle daño a los principios básicos. Esto trae una dedicación personal así como sensibilidad a la ayuda del Espíritu Santo.
Considere que los profetas no son inspirados verbalmente,
no son ni infalibles ni inerrantes
El Dr. David Paulson le escribió a Elena de White el 19 de Abril de 1906. “Fui llevado a la conclusión y a creer firmemente que cada palabra que usted habló tanto en público o en privado, que cada carta que usted escribió bajo cualquier circunstancia, fue inspirada, al igual que los 10 mandamientos. Sostuve este punto de vista con absoluta tenacidad contra innumerables objeciones hechas por muchos que ocupan posiciones importantes en nuestra causa (Adventista)”. Muy preocupado de la naturaleza de la inspiración de Elena de White, Paulson se preguntó si debiera seguir manteniendo tal opinión tan rígida. En el proceso, se cuestionó acerca de la inspiración verbal y los temas relacionados a la infalibilidad y la inerrancia. Ya que la comprensión correcta de estos temas es de importancia crucial al leer la Biblia y los escritos de Elena de White, examinaremos a continuación estos temas.
La Sra. White le respondió a Paulson el 14 de Junio de 1906. “Mi hermano”, escribió, “Ud. ha estudiado mis escritos diligentemente, y nunca ha encontrado que yo haya pretendido algo semejante (inspiración verbal), ni tampoco encontrará que los pioneros de nuestra causa jamás pretendieran eso.” Ella continuó ilustrando sus escritos refiriéndose a la inspiración de los profetas, escritores de la Biblia. Aunque Dios les había inspirado las verdades bíblicas, éstas eran expresadas en palabras humanas. Ella veía la Biblia como una representación de la “unión de lo divino y lo humano”. Entonces, “Aunque llevado a todo viento en el vehículo imperfecto del idioma humano, no por eso deja de ser el testimonio de Dios”.[xxxvii][37]
Tales sentimientos representan el testimonio consistente de Elena de White a lo largo del tiempo. “La Biblia”, ella escribió en 1886, “está escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor... Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma...
“No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios”.[xxxviii][38]
Vemos la naturaleza problemática de este tema ilustrado en la vida de D. M. Canright, en cierta época uno de los principales ministros en la denominación, pero también el primer crítico entre 1887 y 1919. Canright se opuso tenazmente a Elena de White. En 1919, su libro contra ella afirmaba que “cada línea que ella escribía, en artículos, cartas, testimonios o libros, ella afirmaba que había sido dictada por el Espíritu Santo, y por lo tanto, era infalible“.[xxxix][39] Hemos visto que Elena de White tomó la posición contraria, pero esto no tenía el propósito de dañar a quienes tenían una falta teoría de la inspiración.
Antes de continuar, deberíamos definir términos. El Webster´s New World Dictionary describe “infalible” como “1. Incapaz de errar, nunca equivocado. 2. sin posibilidad de errar, de equivocación”. Define “inerrante” como “sin error, sin equivocación”. Es esencial conocer estos términos que muchas personas atribuyen a los escritos de la Biblia y de Elena de White.
Con respecto a la infalibilidad, la Sra. White escribe claramente, “nunca pretendí tenerla. Sólo Dios es infalible”.[xl][40] Cuando ella decía que la palabra de Dios era infalible, veremos más adelante que ella no quiso dar a entender que la Biblia (o sus escritos) estaba libre de error.
En la introducción de El Gran conflicto, ella cita su posición claramente: “Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad”.[xli][41] Ella no sostuvo que el trabajo de los profetas de Dios es infalible en todos sus detalles, sino que es infalible en términos de la revelación de la voluntad divina a cada hombre y mujer. En una declaración similar, Elena de White comentó que “Su palabra es clara en cada punto esencial para la salvación del alma”.[xlii][42]
W.C White trata el mismo tema cuando comentó: “donde ella ha seguido la descripción de los historiadores o la exposición de escritores adventistas, creo que Dios le ha dado discernimiento para usar lo que es correcto y lo que está en armonía con la verdad referente a todos los asuntos esenciales para la salvación. Si se encontrara mediante un estudio fiel, que ella siguió algunas exposiciones de la profecía que en algunos detalles de fechas no podemos armonizar con nuestra comprensión de la historia secular, esto no disminuiría mi confianza en sus escritos como un todo, más de lo que mi confianza en la Biblia resultaría disminuida por el hecho de que no pueda armonizar muchas de las declaraciones referentes a cronología”.[xliii][43]
En resumen, parece que la utilización del término infalible por Elena de White tiene relación al carácter confiable de la Biblia como nuestra guía para la salvación. Ella no mezcla la idea con el concepto de que tanto la Biblia, como sus escritos, están libres de errores de naturaleza factual.
Por lo tanto, la fe del creyente fiel no es alterada si él o ella descubre que Mateo atribuyó una profecía Mesiánica, escrita cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo, a Jeremías cuando fue en realidad Zacarías quien dedujo que Cristo sería traicionado por treinta piezas de plata (ver Mateo 27:9; Zacarías 11:12, 13). Ni será consternada sobre el hecho de 1 de Samuel 16:10, que en el versículo 11 señala a David como el hijo número 8 del Isaí, sin embargo, 1 de Crónicas 2:15 se refiere a él como el séptimo. Tampoco nuestra fe será afectada porque el profeta Natán sinceramente aprobó que el Rey David construyera el Templo, pero al otro día tuvo que retroceder y decir a David que Dios no quería que él lo construyese (ver 2 Samuel 7; 1 Crónicas 17). Los profetas se equivocan.
La misma clase de errores factuales pueden ser descubiertos en los escritos de Elena de White como pueden ser encontrados en la Biblia. Los Profetas escritores de Dios son infalibles como guías de la salvación, pero no son inerrantes o sin errores. Parte de la lección es que necesitamos leer el tema central de la escritura y los escritos de Elena de White, en vez de los detalles.
Lo que es importante recordar en este punto es que aquellos que luchan con tales problemas, como la inerrancia y la absoluta infabilidad, están luchando con problemas de hechura humana. En ninguna parte Dios reclama eso para la Biblia ni Elena de White para la Biblia o sus escritos. La inspiración para ella se hace con “propósitos prácticos”[xliv][44] de humana y divina relación en el plan de salvación. Necesitamos dejar que Dios nos hable a su modo, en vez de poner nuestras reglas sobre los profetas de Dios y rechazarlos si ellos no viven de acuerdo a nuestras expectativas sobre lo que creemos que Dios debería haber hecho. Tal acercamiento es una invención humana que coloca nuestra autoridad sobre la palabra de Dios. Esto nos hace los jueces de Dios y su palabra. Pero tal posición no es bíblica; ni es según la forma como Elena de White aconsejó a la Iglesia. Nosotros necesitamos leer la Palabra de Dios y los escritos de la Sra. White por el propósito por el cual fueron dados y no permitir que nuestros asuntos modernos y definiciones de propósito y exactitud estén entre nosotros y sus profetas.
Evite hacer que los consejos “prueben” cosas
que ellos nunca intentaron probar
En la sección previa notamos que Elena de White no reclamó la inspiración verbal para sus escritos o la Biblia, tampoco ella los clasificó como inerrantes o infalibles en el sentido de estar libres de equivocaciones factuales. A pesar de los esfuerzos de Elena de White y su hijo para remover una visión demasiado rígida de la inspiración, muchos continuaron en esta línea. A lo largo de la historia de la denominación algunos buscaron usar los escritos de Elena de White y la Biblia con propósitos que Dios nunca tuvo. De la misma manera, se han hecho reclamos para las escrituras proféticas que superan su propósito.
Como resultado, encontramos individuos que van a sus escritos para justificar tales cosas como hechos históricos y fechas. Así S. N. Haskell escribió a Elena de White que él y sus amigos “daría más por una expresión en su testimonio que por todas las historias apiladas de aquí hasta Calcuta”.[xlv][45]
Aún más, Elena de White nunca pretendió que el Señor proveyó cada detalle histórico en sus trabajos. Por el contrario, ella dijo que generalmente fueron las mismas fuentes, disponibles para nosotros, donde consiguió los hechos históricos que ella usó para llenar el resumen de la lucha entre el bien y el mal a través de las edades que ella retrató tan agradablemente en El Gran Conflicto. Considerando la escritura de este libro, ella escribió en la introducción que “cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras, no tanto para citar a esos escritores como autoridades, sino porque sus palabras resumían adecuadamente el asunto.” Su propósito en tales libros como en El Gran Conflicto “no consiste tanto en presentar nuevas verdades relativas a las luchas de pasadas edades como en hacer resaltar hechos y principios que tienen relación con acontecimientos futuros”.[xlvi][46]
Esta declaración de propósito es crucial en la comprensión de su uso de la historia. Su intención fue trazar la dinámica del conflicto entre el bien y el mal a través del tiempo. Este fue su mensaje. Los hechos históricos simplemente enriquecieron el tapiz. Ella no buscó proveer de incontrovertibles datos históricos. En realidad, como ella se expresó, los “hechos” son “harto conocidos y universalmente aceptados”.[xlvii][47]
Lo que es verdadero de Elena de White cuando usa de hechos de la historia post bíblica de la Iglesia, también es verdad cuando escribe del período bíblico. Por consiguiente, no debemos extrañarnos de que ella le pidiera a sus hijos que le solicitaran a “Mary (esposa de William) encontrarme algunas historias de la Biblia que le darían orden a los eventos. No tengo nada y no puedo encontrar nada aquí en la librería”.[xlviii][48]
“Con respecto a los escritos de mi madre”, W. C. White contó a Haskell, “mi madre nunca ha deseado que nuestros hermanos trataran esos escritos como una autoridad con respecto a detalles de historia... Cuando se terminó de escribir El Gran Conflicto, mi madre nunca pensó que los lectores los usarían como autoridad sobre datos históricos o para empeñarse en una controversia con respecto a detalles de historia, y ahora cree que no debe ser usado de esa manera”.[xlix][49]
Veinte años después W. C. White escribió que “en una hora de conversaciones con ella (Elena de White) en cuanto a la veracidad y exactitud con que ella había citado de historiadores, expresó confianza en los historiadores que había utilizado, pero nunca consentiría el rumbo seguido por unos hombres que tomaron sus escritos como una norma, y procuraban usarlos para probar la exactitud de un historiador contra la exactitud de otro. A partir de esto, obtuve la impresión de que el objetivo principal de los pasajes citados de los historiadores no era hacer una nueva historia, ni corregir errores en la historia, sino usar ilustraciones valiosas a fin de aclarar verdades espirituales importantes”.[l][50]
Necesitamos no sólo evitar utilizar a Elena de White para probar los detalles de la historia, sino que la misma precaución se debe expresar en los detalles del reino de la ciencia. Decir esto no significa que no hay mucho de exactitud en las inferencias científicas de los escritos de Elena de White y la Biblia para esa materia, sino que no debemos buscar probar los detalles científicos.
Permítame ilustrarlo. Algunos señalan que Juan Calvino, el gran reformador del siglo dieciséis, resistió el descubrimiento de Copérnico sobre que la tierra giraba alrededor del sol citando el Salmo 93:1 “Afirmó también el mundo; y no se moverá”. De un modo similar, muchos han destacado que la Biblia habló acerca de las esquinas de la tierra y el que hecho de que el sol “sube” y “baja”. En tales casos, la Biblia está simplemente haciendo observaciones incidentales más bien que disponiendo una doctrina científica.
Recuerde que la Biblia y los escritos de Elena de White no intentan ser enciclopedias divinas en aspectos científicos e históricos. Mejor dicho revelan nuestra humanidad desesperada y nos señalan la solución a través de la salvación en Jesucristo. En el proceso, la Revelación de Dios provee el marco en que podemos comprender los trozos y pedazos de conocimiento histórico y científico ganado a través de otras líneas de estudio.
Cerciórese de que Elena de White lo dijo
Un buen número de declaraciones están en circulación que aparentemente han sido falsamente atribuidas a Elena de White. ¿Cómo podemos identificar tales declaraciones?. La primera pista de que ellas son apócrifas, para los que están familiarizados con los escritos de Elena de White, es que tales declaraciones están a menudo fuera de armonía con el tenor general de su pensamiento. Es decir, parecen extrañas cuando las comparamos con la mayor parte de sus ideas, que parecen estar fuera de lugar en su boca. Sin embargo, queda claro de que esto no es prueba de que estemos tratando con una declaración apócrifa. Esto es meramente una indicación.
La forma segura de probar la autenticidad de una declaración de Elena de White es pedir la referencia de la fuente. Una vez que conocemos donde se encuentra, podemos chequear para ver si Elena de White lo dijo, y también examinar la fraseología y el contexto, para determinar si ha sido interpretada correctamente.
El asunto de supuestas declaraciones también se levantó en el curso de la vida de Elena de White. El tratamiento completo del problema aparece en el volumen 5 de Testimonies for the Church, pp. 692 – 696. Este puede ser examinado provechosamente por todos los lectores de los escritos de Elena de White.
“Cuidado”, dice ella, “con dar crédito a tales informes” (p. 694). Concluye su discusión del asunto con las siguientes palabras: “A todos los que desean la verdad yo les digo: No den crédito a informes sin autenticar como que la hermana White los ha hecho o dijo o escrito. Si desea conocer lo que el Señor ha revelado a través de ella, lea sus obras publicadas... no los tome con impaciencia e informe de rumores como que ella lo ha dicho” (p. 696).
Sabiendo que ya no podemos enviar supuestas declaraciones a Elena de White para que ella las verifique, podemos contactarnos con la oficina del Patrimonio White de la Asociación General o visitar el Centro de Investigación White más cercano para verificar la autenticidad de una declaración o para preguntar acerca de otros asuntos que necesite conocer.
(Condensado y adaptado de George R. Knight, Reading Ellen White [Hagerstown, Maryland: Review and Herald Publishing Association, 1997], pp. 43 – 123)
[i][1] Joyas de los Testimonios, 2:290
[ii][2] Ibíd.
[iii][3] Mensajes Selectos, 1:51
[iv][4] Educación., p. 190; El subrayado es nuestro
[v][5] Ibíd., p. 125; El subrayado es nuestro
[vi][6] Review and Herald, marzo 17, 1868; el subrayado es nuestro
[vii][7] Mensajes Selectos, 1:21, 23; el subrayado es nuestro.
[viii][8] Ibíd. , 1:48
[ix][9] Testimonios a los Ministros, p. 230.
[x][10] Testimonios Selectos, 4:228, 229.
[xi][11] Fundamentos de la educación cristiana, p. 378
[xii][12] Consejo para los Maestros, 76.
[xiii][13] Ministerio de Curación, p. 223
[xiv][14] Educación, p. 217
[xv][15] Testimonies for the Church, vol. 8, pp.51, 52
[xvi][16] Carta 158, 1902
[xvii][17] Mensajes Selectos, 3:91
[xviii][18] Carta 208, 1906.
[xix][19] Mensajes Selectos, 1:69
[xx][20] Ibíd. , 1:66
[xxi][21] Carta de W.C White a W.S Sadler, Jan 20, 1904
[xxii][22] Mensajes Selectos, 3:326
[xxiii][23] Fundamentals of Christian Education, p. 312.; El subrayado es nuestro.
[xxiv][24] Ibíd. , p. 327.
[xxv][25] Testimonios para la iglesia, vol. 9, p.201; El subrayado es nuestro.
[xxvi][26] Fundamentals of Christian Education, p. 312.
[xxvii][27] Mensajes Selectos, 3:226
[xxviii][28] Ibíd. , 3:226
[xxix][29] Testimonies, p. 137; ver Consejos para los Maestros, p. 78. (N. Del T.)
[xxx][30] Mensajes Selectos, 3:244
[xxxi][31] Ibíd. , 3:245; El subrayado es nuestro.
[xxxii][32] Ibíd. , 3:245
[xxxiii][33] Ibíd. , 3:247; El subrayado es nuestro.
[xxxiv][34] Testimonies for the Church, tomo 8, pp. 50-53
[xxxv][35] Reader´s digest, December 1951
[xxxvi][36] Testimonies for the Church, vol 8, pp. 51, 52
[xxxvii][37] Mensajes Selectos, tomo 1:27-35
[xxxviii][38] Ibíd. , 1:24
[xxxix][39] Life of Mrs. E. G. White, p. 9
[xl][40] Mensajes Selectos, 1:42.
[xli][41] El conflicto de los siglos, p. 9
[xlii][42] Testimonies for the Church, vol 5, p. 706
[xliii][43] Mensajes Selectos, tomo 3:513, 514; el subrayado es nuestro.
[xliv][44] Mensajes Selectos, 1:23.
[xlv][45] S. N. Haskell a Elena de White, 30 de Mayo de 1910.
[xlvi][46] El Gran Conflicto, pp. 14, 15.
[xlvii][47] Ibíd. , p. 14.
[xlviii][48] E. G. White to W. C. White and J. E. White, Dec. 22, 1885.
[xlix][49] W. C. White to S. N. Haskell, Oct. 31, 1912; El subrayado es nuestro; cf. Mensajes Selectos, 3:510, 511.
[l][50] W. C. White to L. E. Froom, Feb, 18, 1932.
viernes, 23 de marzo de 2007
"Ayuda, soy ciego”
Un creativo de publicidad que pasaba frente a él se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra, junto a unos viejos zapatos. El pobre hombre tenía cerca un letrero que decía: “Ayuda, soy ciego”. El joven publicista sin pedirle permiso tomó el cartel, lo dio vuelta y escribió otro anuncio.
Volvió a poner el letrero al lado del ciego y se fue.
A la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena de billetes y monedas.
El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien reescribió su cartel, y sobre todo, qué había puesto.
El publicista el contesto:
-“Nada que no sea tan cierto como su anuncio, pero con otras palabras”, sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: “Hoy es primavera, y no puedo verla”. (Autor desconocido)
Un creativo de publicidad que pasaba frente a él se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra, junto a unos viejos zapatos. El pobre hombre tenía cerca un letrero que decía: “Ayuda, soy ciego”. El joven publicista sin pedirle permiso tomó el cartel, lo dio vuelta y escribió otro anuncio.
Volvió a poner el letrero al lado del ciego y se fue.
A la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena de billetes y monedas.
El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien reescribió su cartel, y sobre todo, qué había puesto.
El publicista el contesto:
-“Nada que no sea tan cierto como su anuncio, pero con otras palabras”, sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: “Hoy es primavera, y no puedo verla”. (Autor desconocido)
Más importante que lo que se dice… es cómo se dice…
El Origen Histórico de la Biblia
Por
Enio dos Santos
Entienda porqué algunos libros no fueron aceptados en el Canon Sagrado.
Las Escrituras Sagradas reciben el título de Biblia, palabra griega que significa “libros”, porque reúnen un conjunto de libros inspirados, llamados libros canónicos.
¿Qué es el “canon” bíblico? Canon es una palabra latina que significa “modelo, regla o medida”, derivado del griego kanón, de “caña”, que era el instrumento de medida usado en los tiempos bíblicos en lugar del “metro” de hoy.
Por lo tanto, el canon bíblico “es la lista de los libros inspirados que forman parte de la Biblia, los cuales dan testimonio autorizado de la revelación de Dios, sirviendo como norma de procedimiento cristiano y como criterio o regla, a través de los cuales se mide o juzga correcto y justo un pensamiento o doctrina (Gal. 6: 16; 2 Tim. 3: 16)” (Diccionario de Teología Fundamental, pp. 122, 123. Editora Voces y Santuario, edición de 1994).
Los libros inspirados, como expresión de la Palabra de Dios, forman el canon original, como regla de fe y doctrina. Son 39 de la Escritura Hebrea del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento, totalizando 66 libros canónicos que como verdades infalibles y eternas, poseen autoridad final.
Libros no inspirados. Algunas Biblias incluyen siete libros adicionales, extraídos de la “Biblia griega” o “Septuaginta”, traducida de la Biblia Hebrea al griego aproximadamente en el año 250 a. C. En esta ocasión, los traductores añadieron otros siete libros que no formaban parte de los libros inspirados de la Biblia Hebrea original. Estos siete libros son: Tobías, Judith, 1 Macabeos, 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc.
En aquella época Grecia dominaba el mundo, y fue el rey Ptolomeo Filadelfo, de Egipto, el que recomendó la traducción de la Biblia al griego, traducción que se llamó la “Septuaginta” o versión de los LXX. Probablemente, estos siete libros fueron añadidos a su pedido, en ese momento o posteriormente.
¿Por qué estos siete libros no deben ser aceptados como libros inspirados o canónicos?
1. Porque, como dice Frei Mauro Strabeli, “la Escritura del Antiguo, considerada como original, es la Biblia Hebrea, cuyos libros fueron aceptados como canónicos desde el comienzo, sin ninguna discusión” (Biblia, preguntas que el pueblo hace. Ediciones Paulinas, pp. 16).
2. Estos libros no fueron escritos por profetas, pues se originaron en una época de interrupción de la sucesión profética. Por eso, Flavio Josefo, el respetado historiador judío nacido por después de la muerte de Cristo, argumenta que sólo 22 libros son inspirados o divinos [i](Contra Apión, Libro I, p. 8, Buenos Aires, Acervo Cultural editores, 1961).
3. Según Josefo, el Canon del Antiguo Testamento, con 39 libros, fue cerrado entre el 465 y el 425 a. C. Y en el año 96 d.C., el Concilio judaico de Jamnia analizó los otros siete libros, pero los rechazó (Respuestas a aquellas preguntas. Editorial Candeias, p. 53).
4. Además de no formar parte del Canon Bíblico original, sólo fueron aceptados por la Iglesia Católica en el Concilio de Trento, el 8 de Abril de 1546, que los llamó deuterocanónicos. La iglesia los oficializó como un intento de detener la Reforma Protestante (Diccionario de Teología Fundamental, p. 124)
5. Los judíos, a quienes Dios confió en el pasado la custodia de las Escrituras y sus oráculos (Rom. 3: 2), “sólo aceptaban como inspirados el canon hebreo de 39 libros. Rechazan los siete tenidos como deuterocanónicos” (Biblia del Pontificio de Roma, p. 6)
6. Jesús y los apóstoles solo usaban los 39 libros originales, en las 1.378 citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo Testamento, pero nunca citaron los siete libros. Por lo tanto Josefo estaba en lo cierto al afirmar: “Entre nosotros no hay multitud de libros que discrepen o disientan entre sí; sino solamente veintidós que con razón se consideran divinos” (Contra Apión, Libro I; p. 8).
7. La Iglesia Cristiana Primitiva los rechazó como inspirados o canónicos, permitiendo que sólo fueran leídos como libros de edificación histórica, pero no inspirada. (Manual Bíblico, p. 358)
8. Los Padres de la Iglesia, tales como Atanasio, Gregorio, Hilario, Rufino y Jerónimo, adoptaron el Canon de los 39 libros hebreos (La Biblia del Pontificio de Roma, p. 6)
9. Jerónimo, que tradujo La Biblia al latín, entre el 382 y el 404 d.C., la llamada Vulgata Latina, fue un defensor del Canon de 39 libros hebreos, y sólo tradujo el libro no inspirado de Tobías, por orden de los Obispos (Diccionario de Teología Fundamental, p. 124).
10. Esto libros enseñan errores doctrinarios e históricos como se indica a continuación.
Algunos errores enseñados por los siete libros no inspirados, que chocan frontalmente con los 66 libros canónicos de la Biblia.
1. La narración de un ángel mintiendo sobre su origen. (Tobías 5:1-19 cf. Isa. 63: 8; Oseas 4: 2).
2. Dice que de debe negar el pan al impío (Eclesiástico 12: 4- 6; Prov. 25: 21, 22).
3. Una mujer ayunando toda su vida. (Judith 8: 5, 6 cf. Mat. 4. 1, 2)
4. Dios le da una espada a Simón para matar siquemitas (Judith 9: 2 cf. Gen. 34: 30; 49: 5-7).
5. Quemar el hígado de un pez expulsa a los demonios (Tobías 6: 6- 8 cf. Hechos 16: 18)
6. Dar limosna purifica de pecado (Tobías 12: 9 cf. Ecle. 3: 30; 1 Ped. 1: 18, 19).
7. Nabucodonosor, fue rey de Asiria, en Nínive. (Judith 1: 1; cf. Dan. 1.1)
8. Honrar al padre trae el perdón de los pecados (Eclesiástico 3: 3 cf. 1 Ped. 1: 18, 19).
9. Enseña la magia y la superstición (Tobías 2. 9, 10; 6: 5- 8; 11: 7-16 cf. Stgo. 5: 14- 16; Deut. 18: 9- 14)
10. Antioco muere de tres maneras. (1 Macabeos 6: 16; 2 Macabeos 1: 16; 9: 28 cf. Isa. 63: 8; Mat. 5: 37)
11. Recomienda las ofrendas por los muertos (2 Macabeos 12: 42- 45; cf. Ecle. 9: 5, 6)
12. Enseña la existencia del purgatorio o inmortalidad del alma. (Sabiduría 3: 14 cf. 1 Juan 1: 7; Heb. 9: 27).
13. El suicidio es justificado y alabado (2 Macabeos 14: 41- 46 cf. Ex. 20: 13).
Tales errores y contradicciones revelan que estos siete libros no pasan la prueba de inspiración bíblica. En la página 6 de la Biblia del Pontificio de Roma, se dice: “La Iglesia acepta los libros de la Biblia como canónicos, no porque la iglesia les haya dado su aprobación o autoridad, ni sólo porque contienen la revelación sin mezcla de error, sino porque fueron escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, y tienen como autor al mismo Dios, y como tales fueron dados a su iglesia”.
Ante esta declaración, no podemos aceptar esos libros como inspirados y canónicos, porque fue precisamente la Iglesia Católica la que los aceptó como deuterocanónicos cuando, cuando como hemos visto por la cita anterior, ella misma reconoce que no es la iglesia la autoridad para calificar un libro como inspirado. Y si se argumenta que tales libros son inspirados, estaremos admitiendo que el Espíritu Santo tiene errores y contradicciones.
La prueba final de que estos siete libros no son inspirados es que sus autores nunca reclaman haber sido inspirados. El autor del libro de Macabeos además de afirmar que en su época no había profeta (1 Mac. 4: 46; 9: 27; 15: 38, 39), termina el libro confesando su incapacidad para exponerlo, y se disculpa con las siguientes palabras: “Si mi narración está imperfecta y mediocre, es que no pude hacerla mejor.” (2 Mac. 2. 24; 15: 38, 39). Jerónimo, el traductor de la Vulgata Latina, los llamó “apócrifos”, que significa ocultos, secretos, escondidos, no inspirados.
Estos siete libros tienen solamente valor histórico y literario. Por lo tanto, sólo debemos aceptar como inspirados los 66 libros canónicos, como regla de fe y doctrina (2 Ped. 1: 21)
[i] Josefo hablaba de 22 libros, pero aunque la cifra sea distinta de nuestros 39 libros, él se refería a los mismos contenidos, pues en aquel entonces los libros se agrupaban de distinta manera que hoy. Por ejemplo, a 1y 2 de Reyes se los conocía como un solo libros: El libro de los Reyes.
Por
Enio dos Santos
Entienda porqué algunos libros no fueron aceptados en el Canon Sagrado.
Las Escrituras Sagradas reciben el título de Biblia, palabra griega que significa “libros”, porque reúnen un conjunto de libros inspirados, llamados libros canónicos.
¿Qué es el “canon” bíblico? Canon es una palabra latina que significa “modelo, regla o medida”, derivado del griego kanón, de “caña”, que era el instrumento de medida usado en los tiempos bíblicos en lugar del “metro” de hoy.
Por lo tanto, el canon bíblico “es la lista de los libros inspirados que forman parte de la Biblia, los cuales dan testimonio autorizado de la revelación de Dios, sirviendo como norma de procedimiento cristiano y como criterio o regla, a través de los cuales se mide o juzga correcto y justo un pensamiento o doctrina (Gal. 6: 16; 2 Tim. 3: 16)” (Diccionario de Teología Fundamental, pp. 122, 123. Editora Voces y Santuario, edición de 1994).
Los libros inspirados, como expresión de la Palabra de Dios, forman el canon original, como regla de fe y doctrina. Son 39 de la Escritura Hebrea del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento, totalizando 66 libros canónicos que como verdades infalibles y eternas, poseen autoridad final.
Libros no inspirados. Algunas Biblias incluyen siete libros adicionales, extraídos de la “Biblia griega” o “Septuaginta”, traducida de la Biblia Hebrea al griego aproximadamente en el año 250 a. C. En esta ocasión, los traductores añadieron otros siete libros que no formaban parte de los libros inspirados de la Biblia Hebrea original. Estos siete libros son: Tobías, Judith, 1 Macabeos, 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc.
En aquella época Grecia dominaba el mundo, y fue el rey Ptolomeo Filadelfo, de Egipto, el que recomendó la traducción de la Biblia al griego, traducción que se llamó la “Septuaginta” o versión de los LXX. Probablemente, estos siete libros fueron añadidos a su pedido, en ese momento o posteriormente.
¿Por qué estos siete libros no deben ser aceptados como libros inspirados o canónicos?
1. Porque, como dice Frei Mauro Strabeli, “la Escritura del Antiguo, considerada como original, es la Biblia Hebrea, cuyos libros fueron aceptados como canónicos desde el comienzo, sin ninguna discusión” (Biblia, preguntas que el pueblo hace. Ediciones Paulinas, pp. 16).
2. Estos libros no fueron escritos por profetas, pues se originaron en una época de interrupción de la sucesión profética. Por eso, Flavio Josefo, el respetado historiador judío nacido por después de la muerte de Cristo, argumenta que sólo 22 libros son inspirados o divinos [i](Contra Apión, Libro I, p. 8, Buenos Aires, Acervo Cultural editores, 1961).
3. Según Josefo, el Canon del Antiguo Testamento, con 39 libros, fue cerrado entre el 465 y el 425 a. C. Y en el año 96 d.C., el Concilio judaico de Jamnia analizó los otros siete libros, pero los rechazó (Respuestas a aquellas preguntas. Editorial Candeias, p. 53).
4. Además de no formar parte del Canon Bíblico original, sólo fueron aceptados por la Iglesia Católica en el Concilio de Trento, el 8 de Abril de 1546, que los llamó deuterocanónicos. La iglesia los oficializó como un intento de detener la Reforma Protestante (Diccionario de Teología Fundamental, p. 124)
5. Los judíos, a quienes Dios confió en el pasado la custodia de las Escrituras y sus oráculos (Rom. 3: 2), “sólo aceptaban como inspirados el canon hebreo de 39 libros. Rechazan los siete tenidos como deuterocanónicos” (Biblia del Pontificio de Roma, p. 6)
6. Jesús y los apóstoles solo usaban los 39 libros originales, en las 1.378 citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo Testamento, pero nunca citaron los siete libros. Por lo tanto Josefo estaba en lo cierto al afirmar: “Entre nosotros no hay multitud de libros que discrepen o disientan entre sí; sino solamente veintidós que con razón se consideran divinos” (Contra Apión, Libro I; p. 8).
7. La Iglesia Cristiana Primitiva los rechazó como inspirados o canónicos, permitiendo que sólo fueran leídos como libros de edificación histórica, pero no inspirada. (Manual Bíblico, p. 358)
8. Los Padres de la Iglesia, tales como Atanasio, Gregorio, Hilario, Rufino y Jerónimo, adoptaron el Canon de los 39 libros hebreos (La Biblia del Pontificio de Roma, p. 6)
9. Jerónimo, que tradujo La Biblia al latín, entre el 382 y el 404 d.C., la llamada Vulgata Latina, fue un defensor del Canon de 39 libros hebreos, y sólo tradujo el libro no inspirado de Tobías, por orden de los Obispos (Diccionario de Teología Fundamental, p. 124).
10. Esto libros enseñan errores doctrinarios e históricos como se indica a continuación.
Algunos errores enseñados por los siete libros no inspirados, que chocan frontalmente con los 66 libros canónicos de la Biblia.
1. La narración de un ángel mintiendo sobre su origen. (Tobías 5:1-19 cf. Isa. 63: 8; Oseas 4: 2).
2. Dice que de debe negar el pan al impío (Eclesiástico 12: 4- 6; Prov. 25: 21, 22).
3. Una mujer ayunando toda su vida. (Judith 8: 5, 6 cf. Mat. 4. 1, 2)
4. Dios le da una espada a Simón para matar siquemitas (Judith 9: 2 cf. Gen. 34: 30; 49: 5-7).
5. Quemar el hígado de un pez expulsa a los demonios (Tobías 6: 6- 8 cf. Hechos 16: 18)
6. Dar limosna purifica de pecado (Tobías 12: 9 cf. Ecle. 3: 30; 1 Ped. 1: 18, 19).
7. Nabucodonosor, fue rey de Asiria, en Nínive. (Judith 1: 1; cf. Dan. 1.1)
8. Honrar al padre trae el perdón de los pecados (Eclesiástico 3: 3 cf. 1 Ped. 1: 18, 19).
9. Enseña la magia y la superstición (Tobías 2. 9, 10; 6: 5- 8; 11: 7-16 cf. Stgo. 5: 14- 16; Deut. 18: 9- 14)
10. Antioco muere de tres maneras. (1 Macabeos 6: 16; 2 Macabeos 1: 16; 9: 28 cf. Isa. 63: 8; Mat. 5: 37)
11. Recomienda las ofrendas por los muertos (2 Macabeos 12: 42- 45; cf. Ecle. 9: 5, 6)
12. Enseña la existencia del purgatorio o inmortalidad del alma. (Sabiduría 3: 14 cf. 1 Juan 1: 7; Heb. 9: 27).
13. El suicidio es justificado y alabado (2 Macabeos 14: 41- 46 cf. Ex. 20: 13).
Tales errores y contradicciones revelan que estos siete libros no pasan la prueba de inspiración bíblica. En la página 6 de la Biblia del Pontificio de Roma, se dice: “La Iglesia acepta los libros de la Biblia como canónicos, no porque la iglesia les haya dado su aprobación o autoridad, ni sólo porque contienen la revelación sin mezcla de error, sino porque fueron escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, y tienen como autor al mismo Dios, y como tales fueron dados a su iglesia”.
Ante esta declaración, no podemos aceptar esos libros como inspirados y canónicos, porque fue precisamente la Iglesia Católica la que los aceptó como deuterocanónicos cuando, cuando como hemos visto por la cita anterior, ella misma reconoce que no es la iglesia la autoridad para calificar un libro como inspirado. Y si se argumenta que tales libros son inspirados, estaremos admitiendo que el Espíritu Santo tiene errores y contradicciones.
La prueba final de que estos siete libros no son inspirados es que sus autores nunca reclaman haber sido inspirados. El autor del libro de Macabeos además de afirmar que en su época no había profeta (1 Mac. 4: 46; 9: 27; 15: 38, 39), termina el libro confesando su incapacidad para exponerlo, y se disculpa con las siguientes palabras: “Si mi narración está imperfecta y mediocre, es que no pude hacerla mejor.” (2 Mac. 2. 24; 15: 38, 39). Jerónimo, el traductor de la Vulgata Latina, los llamó “apócrifos”, que significa ocultos, secretos, escondidos, no inspirados.
Estos siete libros tienen solamente valor histórico y literario. Por lo tanto, sólo debemos aceptar como inspirados los 66 libros canónicos, como regla de fe y doctrina (2 Ped. 1: 21)
[i] Josefo hablaba de 22 libros, pero aunque la cifra sea distinta de nuestros 39 libros, él se refería a los mismos contenidos, pues en aquel entonces los libros se agrupaban de distinta manera que hoy. Por ejemplo, a 1y 2 de Reyes se los conocía como un solo libros: El libro de los Reyes.
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